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¿Por qué "Al otro lado del pasillo"?

 

El cuento de Al otro lado del pasillo  nació con el único fin de ejercitar la creatividad. Verás, un entrenamiento creativo recurrente en mi adolescencia era tomar la imagen de algún lugar común, por ejemplo el exterior de una taquería, y comenzar a dibujar sobre ella alterando las cosas; incluía personajes fantásticos sentados en la mesa, el trompo de pastor tenía un ojo en lugar de la piña hasta arriba. Cosas así. Con el tiempo, el ejercicio pasó a ser meramente mental. Ya no era un dibujo, sino lo que veía en mi entorno y, en otras ocasiones, cuando estoy en mi habitación, me imagino el escenario y desarrollo eventos tomando esa "imagen" como punto de partida.
   Una noche, cuando recién había regresado a vivir a la Ciudad de México, tenía muchas ganas de escribir, pero no tenía el ánimo de continuar con mi novela, así que me dispuse a buscar entre mis notas las ideas de cuentos que en ellas he anotado. Todas eran demasiado largas en desarrollo, y yo sólo quería escribir algo más corto. Algo inmediato, que pudiese empezar y terminar aquella misma noche. Así que hice el ejercicio. Recordé la entrada a un lugar en que viví en Guadalajara, por allá del 2017. Era una puerta de metal vieja y pesada que daba a un corredor angosto y largo, en el que al final debías doblar a la izquierda para acceder a los únicos dos departamentos de ese terreno. Recordé lo tétrico que se veía por las noches, sin un foco en el pasillo que iluminara tu camino y con una avenida del centro de la ciudad, desolada y con una iluminación anaranjada y tenue que apenas te permitía identificar tu casa. Fue entonces que pasé a la segunda etapa del ejercicio: hacer una pregunta. "¿Adónde lleva el pasillo?" Claro, a un lugar aún más sombrío y con personajes que son mucho más de lo que aparentan. Pero entonces, ¿qué hace ahí nuestro protagonista? Busca a alguien. ¿Con qué intenciones le busca?
    Así continué haciendo preguntas y desarrollando los giros en la trama, la ambientación y los personajes involucrados (muy rara vez escribo sin saber el final de la historia). Una vez que tenía la idea general de lo que iba a contar, así como el desenlace, dejé de mirar el suelo de mi habitación y me puse frente a la computadora, abrí el archivo y me puse a escribir.
    Fueron alrededor de cuatro horas las que me llevó escribir el cuento.

¡Vaya suerte que tuve! Porque un par de días después, vi una historia en Instagram de una amiga mía que tiene una organización dedicada a la educación y difusión literaria (OnceUponATime_org). Buscaban autores que estuvieran o pudieran viajar a CDMX para leer alguna de sus obras. La contacté y se acordó el día. Decidí que llevaría este cuento reciente, era más corto que los demás y, ya que me grabarían leyéndolo, me pareció adecuado para que pudiera narrarlo completo (spoiler: aun así no se pudo subir completo jaja). Dicho video lo pueden ver aquí: Un greñudo con playera de Daredevil te lee su cuento.
    Algo muy chingón de esa experiencia grabando el video, es que fue filmado en un estudio donde se graba un podcast que me gusta mucho: Envinadas. Me enteré mientras miraba cómo filmaban al otro autor leyendo el fragmento de una novela suya. Escuché a Alejandra (mi amiga) hablar con un miembro del staff mientras éste le decía que ahí se grababa el podcast. Tuve que disimular mi emoción, porque la plática no era conmigo y reaccionar me delataría como el gran metiche que soy. Así que me lo guardé para mí mismo.

Me alegró que, una vez terminada la filmación de mi cuento, compartí elevador con uno de los camarógrafos, quien me dijo que le había gustado mucho mi cuento. Preguntó también si había algún lugar donde pudiera leerme, a lo que contesté que no. Eso fue en 2023. Me tardé una eternidad en hacer este blog, joder. Pero acá andamos ya, que es lo importante.

Recuerdo que, mientras leía en la filmación, tuve que ir editando el cuento debido a que seguía en el primer borrador. Usualmente lo que terminas recién no está del todo listo. A veces habrá pleonasmos, dedazos y demás errores que con una ligera corrección elevan la calidad del texto. Pendejo yo que no lo edité antes de sentarme ahí con mi sonrisa a leerlo e inmortalizarlo en internet. Sin embargo, pude rescatarlo gracias a ir leyendo con la mirada de forma adelantada, mientras mi voz iba una línea atrás. No evitó que hubiera errores que se colaran debido a que su corrección ameritara un cambio completo en las estructuras de las frases. Pero los pleonasmos y dedazos pudieron evitarse... Creo.
    Tiempo después me senté a corregirlo, teniendo la historia más fría, y se convirtió en la versión que puedes leer en este blog. La cual espero que te haya gustado, al igual que esta anécdota sobre su creación y la aventura de grabarme leyéndola. 

Espero nos sigamos viendo por aquí.

¡Gracias por leer! 🜄

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